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Fecha de publicación: 21-Feb-2020

Adicción: el significado de esta palabra suele pensarse como “probar algo y engancharse”, pero en realidad incluye más que una respuesta biológica de tu cuerpo a una sustancia; involucra también cambios en la conducta y en los pensamientos de la persona que la sufre. A continuación, te explicamos si el cannabis es adictivo y cómo una política pública adecuada puede ayudar a evitar los problemas de salud pública.

Es probable que en los últimos días hayas escuchado o visto anuncios en la calle, radio y televisión acerca de la adicción que puede causar fumar un “porro”.

Estos mensajes forman parte de la campaña “Juntos por la paz” dirigida a jóvenes y padres de familia, tratando de alertar sobre las supuestas señales para identificar a una persona con adicción a sustancias ilícitas, pero sin explicarnos siquiera el significado de la palabra. A pesar de que el cannabis tiene componentes psicoactivos, las investigaciones científicas han demostrado que su consumo es menos riesgoso que el de otras drogas, incluyendo sustancias legales como el tabaco o el alcohol.

¿El cannabis genera adicción?

Generalmente pensamos en la adicción como una dependencia fisiológica a una droga, sin embargo, el objeto de la adicción no siempre es una sustancia química. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la adicción como una enfermedad que crea dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación. Esta definición contempla el componente psicológico, dándole a la adicción un significado más amplio que “solo las drogas te hacen adicto”. 

Según el Manual Diagnóstico Estadístico de Trastornos Mentales (DSM) la adicción a una sustancia o droga se manifiesta con la existencia de dos o más de los siguientes criterios: [5]

  • Ansias o un poderoso deseo de consumir.
  • Esfuerzos fracasados de abandonar o controlar el consumo.
  • Invertir mucho tiempo en obtener la sustancia, consumirla o recuperarse de sus efectos.
  • El consumo afecta otras áreas de la vida como el trabajo, la escuela, el hogar, relaciones interpersonales, actividades de ocio e incluso el descanso.
  • El consumo continúa a pesar de las consecuencias que provoca.
  • Se crea tolerancia: existe un efecto notablemente reducido después de consumir repetidamente la misma cantidad, por lo que se necesita aumentar la cantidad consumida para obtener el efecto deseado.
  • La suspensión repentina del consumo de la sustancia ocasiona síndrome de abstinencia, que incluye síntomas anímicos (irritabilidad, agresividad, ansiedad, dificultad para dormir, pérdida del apetito o de peso, intranquilidad, depresión) y físicos (dolor abdominal, temblores, sudoración, fiebre, escalofríos o dolor de cabeza).

El consumo habitual y excesivo de cannabis durante mucho tiempo puede generar dependencia a la sustancia, aunque esta suele ser más leve que el de otras drogas psicoactivas.

Aproximadamente el 10 % de las personas que consumen cannabis desarrollan dependencia, a diferencia de otras sustancias como la nicotina que tiene una tasa de dependencia del 32 %, la heroína un 23 %, la cocaína un 17 % y el alcohol un 15 %, según una revisión de 20 años de estudios sobre el cannabis publicada en la revista Addiction en 2014. Además, a diferencia de estas otras sustancias, el cannabis no ha registrado casos de sobredosis mortales. [6]

Los jóvenes son una población en riesgo. El consumo de cannabis antes de los 18 años aumenta entre cuatro y siete veces las probabilidades de adquirir un trastorno por consumo de marihuana que en las personas adultas. [6]

Prohibicionismo del cannabis en México

El cannabis con THC (el componente psicoactivo), popularmente conocido como “marihuana”, ha sido hasta ahora la sustancia ilegal más consumida en todo el mundo y México no es la excepción. Según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2016-2017), fueron 1,448,589 los mexicanos de entre 18 a 65 años que consumieron cannabis, es decir, el 2.04 % de los casi 71 millones de habitantes en ese rango de edad en el país. 
En la siguiente gráfica se puede observar cómo el número de consumidores regulares ha ido en aumento desde 2002 que se tienen este tipo de registros: [1,2]

Porcentaje de hombres y mujeres consumidores regulares de cannabis por grupo de edad en los años 2002, 2008, 2011 y 2016.

Desde hace décadas los gobiernos de EE. UU., México y el mundo han criminalizado a la población de consumidores de cannabis categorizando su uso como un problema de salud, a pesar de que la tendencia global es que cada vez más personas tienen alguna experiencia positiva con los efectos de esta planta. 

La estrategia contra las adicciones del gobierno mexicano actual ha sido contradictoria. Por un lado, altos funcionarios como la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez-Cordero, han apoyado la regulación del cannabis con un enfoque en la salud y en la no criminalización de los consumidores. A pesar de esto, también existe la campaña ya mencionada “Juntos por la paz” que continúa con el estigma hacia el consumo de cannabis como un problema que supuestamente se debe a comportamientos antisociales, búsqueda de la felicidad efímera y a la falta de valores que sufre la juventud. [3]

El uso adulto del cannabis es una decisión individual y su consumo responsable e informado debe considerarse un derecho al libre desarrollo de la personalidad. Este argumento fue reconocido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 2017, otorgando una serie de amparos al declarar inconstitucional la prohibición del uso de la marihuana. 

Hasta este momento debe quedar claro que el uso responsable de cannabis con fines recreativos no genera adicción de manera automática, que su consumo debe ser una decisión individual y que no debe ser estigmatizado ni criminalizado.

Si se regula el cannabis ¿habrá más adictos?

En EE. UU., los efectos de la regularización del cannabis sobre la adicción han significado un cambio positivo con la prevención y tratamiento de adicciones. Ya sea por medio de la recaudación o de políticas públicas, hay evidencia que demuestra que una adecuada legislación tiene un efecto positivo en el control de adicciones.

Estados como Washington, Colorado, Oregón y Alaska destinan una parte de la recaudación estatal (proveniente de la producción, venta y consumo de cannabis), en programas de prevención y tratamiento de adicciones.

Para inicios de 2019, Washington había reportado una recaudación de 720 millones de dólares, de los cuales $28 millones se invirtieron en programas de prevención y atención a adicciones. [7]

El estado de Colorado ha recaudado cerca de 1,000 millones de dólares en cinco años desde la legalización en 2014. Es su sexta fuente de ingresos tributarios según información de la entidad [8], aproximadamente el 30 % se destina al fondo de impuestos sobre cannabis, que se encarga de administrar el dinero en áreas como sanidad, educación para la salud y difusión sobre el uso responsable de cannabis, entre otros. [9]

El estado de Oregón, que hasta la fecha ha recaudado cerca de 304 millones de dólares, destina el 20 % a servicios de salud mental, alcoholismo y drogas. [9]
Alaska ha recaudado un total de 32 millones de dólares. La tercera parte se ha destinado a programas para el tratamiento y prevención contra la adicción a las drogas y centros residenciales comunitarios. [9]

Prevención en jóvenes

El debate sobre la legalización del cannabis es tendencia en todo el mundo. Una investigación realizada en Estados Unidos sugiere que el uso adolescente del cannabis disminuyó en los estados que lo han legalizado. La edad a la que se consume cannabis es un asunto importante pues los jóvenes pueden desarrollar adicciones más fácilmente, por ello es importante una regulación enfocada en la prevención. [10, 11]

Existe la creencia de que legalizar el cannabis aumenta el consumo entre los jóvenes, por lo que un equipo de investigadores en Estados Unidos se propuso analizar los efectos de la legalización en el consumo en este grupo etario. Se utilizaron datos de encuestas bianuales realizadas entre 1993 y 2017 a 1.4 millones de estudiantes del nivel medio superior en 27 estados que permiten el uso medicinal del cannabis y 7 que permiten su uso lúdico. Los resultados: 

  • No hay cambios en el consumo entre jóvenes cuando se legaliza el uso medicinal.
  • Se encontró una fuerte correlación que demuestra un ligero declive en el consumo lúdico.

De acuerdo con los expertos, lo anterior se debe a que es más difícil para los jóvenes adquirir cannabis por medio de distribuidores en el mercado legal que en el mercado negro.

Conclusiones

Es momento de terminar con los paradigmas de prohibicionismo alrededor de la marihuana con pretexto de su potencial de adicción. Debemos darle un nuevo significado que deje de lado las opiniones que insisten en criminalizar y estigmatizar el consumo de cannabis basándose en el prejuicio; los consumidores deben reconocerse como sujetos con derechos que deben ser respetados. El uso responsable del cannabis se debe basar en decisiones informadas y es crucial que los usuarios conozcan los riesgos; la dependencia a esta sustancia es consecuencia del abuso en el consumo y sus signos deben reconocerse a tiempo.

Una política pública basada en la salud propondrá la regulación del cannabis para evitar que los consumidores se expongan a los riesgos de adquirir sustancias en los mercados ilegales, pero también reconocerá el derecho al acceso a la salud que tienen los individuos. El ejemplo en otros países demuestra que con una adecuada recaudación y etiquetado de los recursos se pueden sumar esfuerzos en el tratamiento de consumo problemático y prevención en jóvenes.

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Referencias

[1] CONADIC. (28 de noviembre de 2017). “Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco, ENCODAT 2016-2017”. Recuperado de [sitio web], última consulta el 17 de febrero de 2020.

[2] Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; Instituto Nacional de Salud Pública, Comisión Nacional Contra las Adicciones, Secretaría de Salud. (2017). “Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017: Reporte de Drogas”. Ciudad de México, México.

[3] Centros de Integración Juvenil (5 de julio de 2019). Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones “Juntos por la Paz”. Recuperado de [sitio web], última consulta el 17 de febrero de 2020.

[4] Ortuño, Gonzalo. (8 de noviembre de 2019). El plan de AMLO contra las adicciones: sin presupuesto, infraestructura y con mensajes contradictorios. Animal Político. Recuperado de [sitio web], última consulta el 17 de febrero de 2020.

[5] American Psychiatric Association. (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5. Recuperado de [PDF], última consulta el 17 de febrero de 2020. 

[6] Hall, W. (2015). What has research over the past two decades revealed about the adverse health effects of recreational cannabis use? Addiction110(1), 19-35.

[7] Cleppe, T. (7 de enero de 2019). WA State Cannabis Tax Revenue. Recuperado en [sitio web], última consulta el 18 de febrero de 2020.

[8] García, V. (26 de marzo de 2019). El fisco también gana con la legalización de la marihuana. Expansión. Recuperado en [sitio web], última consulta el 18 de febrero de 2020.

[9] Cannopia. (27 de marzo de 2019). Cómo los impuestos del cannabis ayudan a financiar la educación y la salud”. Recuperado en [sitio web], última consulta el 18 de febrero de 2020.

[10] Haridy, R. (9 de julio de 2019). Large US study suggests teen marijuana use dropped following recreational legalization. New Atlas. Recuperado de [sitio web], última consulta el 18 de febrero de 2020.

[11] Anderson, D., Hansen, B., Rees, D., y Sabia, J. (2019). Association of Marijuana Laws With Teen Marijuana Use: New Estimates From the Youth Risk Behavior Surveys. JAMA Pediatr. Recuperado de [sitio web], última consulta el 18 de febrero de 2020.